A los 26 años, Luca empacó su maleta y se mudó de Italia a Estados Unidos con grandes sueños y los bolsillos vacíos. Hoy, como orgulloso dueño de Alessio’s Café en Hoboken y Jersey City, Nueva Jersey, Luca está viviendo su propia versión del sueño italoamericano: uniendo a su comunidad a través de la pizza y el café.
Alessio’s Café —que lleva el nombre de su primer hijo— es un lugar donde la gente se reúne, comparte una comida y entabla relaciones. «No vendemos comida; vendemos la experiencia italiana», dice Luca. «Y la experiencia italiana se vive con café y pizza».
En sus visitas a su país natal, los días de Luca están llenos de reuniones con unos 20 amigos, yendo de cafetería en cafetería hasta que están (demasiado) llenos de cafeína. Y cuando llega la hora de comer, la pizza toma el protagonismo como una comida para compartir y asequible para todos. «La comida es la religión de los italianos», explica Luca. «No puedes decir que no cuando te ofrecen comida».
¿Qué es lo que hace que Luca se levante de la cama por las mañanas? Primero, un espresso. Segundo, visitar sus tiendas e interactuar con los clientes. «Mi objetivo principal cada día es charlar con mi comunidad», dice Luca. Aunque es tentador soñar en grande y abrir más locales, la filosofía de Luca sobre el éxito se basa en la conexión genuina. Reflexiona: «Si me expandiera, perdería la conexión diaria con mis clientes y mi personal».
Su espíritu de camaradería se extiende más allá de las paredes de Alessio hasta las demás pizzerías de la ciudad. «En este negocio siempre habrá altibajos. Es algo que todos los que trabajan en el mundo de la pizza saben», dice. Luca recuerda una ocasión en la que se le descompuso la máquina para hacer masa y, tras llamar a dos pizzerías cercanas, estas se apresuraron a ayudarlo, llevándole masa para que pudiera seguir operando su negocio.
Con casi 60 000 habitantes y 30 pizzerías en Hoboken, Luca sabe que la colaboración, y no la competencia, es la clave para triunfar en el mundo de las pizzas.