Tina Casale, dueña de The Astarita Pizza en Brooklyn, creció en una pizzería —literalmente—. «Mi papá y mi mamá tuvieron pizzerías toda mi vida», dice. «Estábamos ahí todo el día con ellos porque no tenían niñeras». Desde hacer cajas hasta amasar la masa, se sumergió en el negocio desde muy temprana edad.
Esa experiencia sentó las bases para su propio local, donde ha construido algo con lo que siempre soñó: un lugar acogedor y accesible para que las familias compartan una buena comida. «Me encanta la pizza; podría comerla en el desayuno, el almuerzo y la cena», dice riendo. «Quería crear un lugar donde la gente pudiera venir, comer y disfrutar de su tiempo juntos sin que fuera tan caro».
Para mantener un alto nivel de calidad y reducir los desperdicios, se limita a ofrecer un menú reducido, porciones para compartir e ingredientes frescos. Para Tina, todo se reduce a su comunidad.